Introducción
Si has llegado hasta aquí es porque estás preparando una escapada a León y quieres saber qué puedes encontrar en el Museo de San Isidoro. Y seguramente ya hayas visto alguna foto del Panteón de los Reyes, con sus delicadas pinturas románicas, que es, sin duda, uno de los grandes protagonistas de la visita. Pero después de visitar el museo, te aseguro que sería un error pensar que todo se reduce a esta sala.
Durante el recorrido vas a encontrarte con antiguos manuscritos, enormes libros corales, piezas de marfil, textiles medievales, un objeto vikingo, un gallo de origen persa que durante siglos estuvo colocado en la torreestuvo originalmente dedicada , una campana de más de 900 años y, por supuesto, el famoso Cáliz de Doña Urraca, relacionado con una de las historias más conocidas sobre el Santo Grial.
Además, todo esto se encuentra dentro de un conjunto histórico que ha tenido diferentes funciones a lo largo de los siglos. Sus paredes han sido testigo de un palacio, una zona defensiva, una iglesia y un monasterio que todavía mantiene su función religiosa.
He podido visitar el Museo de San Isidoro de León y, después de hacer el recorrido, en este artículo te cuento qué vas a encontrar, cuáles fueron las salas que más me gustaron y todo lo que necesitas saber para organizar tu visita.
¿Qué es el Museo de San Isidoro de León?
Antes de empezar la visita hay algo que conviene tener claro: el Museo de San Isidoro forma parte de un conjunto mucho más grande que una simple colección de piezas históricas.
La Real Colegiata de San Isidoro se encuentra sobre los restos del antiguo Palacio Real y ha estado vinculada a la historia de León desde hace siglos. El conjunto fue también una zona defensiva de la ciudad y, posteriormente, se convirtió en un importante monasterio.
La iglesia estuvo originalmente dedicada a San Juan Bautista y San Pelayo, un niño mártir cordobés, pero en 1063 pasó a estar dedicada a San Isidoro con motivo de la llegada de sus reliquias desde Sevilla y de la ampliación promovida durante el reinado de Fernando I y la reina Sancha.
Precisamente en esa época empezaron a llegar muchas de las donaciones que a día de hoy forman parte del tesoro de San Isidoro. Y esto ayuda a entender por qué durante la visita vas a encontrarte con objetos de procedencias y épocas tan diferentes.
¿Cómo es la visita al Museo de San Isidoro?
La visita empieza pasando por unos tornos en los que tendrás que escanear el QR de la entrada. Una vez dentro, encontrarás también diferentes códigos QR repartidos por las salas para escuchar las audioguías en tu móvil.
Si vas a recurrir a este sistema, te recomiendo usar auriculares porque hay bastante información que puedes escuchar mientras visitas el museo. En mi caso hice una visita guiada que duró una hora más o menos, aunque también puedes visitar el museo por libre. En este último caso, las audioguías son muy útiles.
Las piezas y espacios que ver en el Museo de San Isidoro
El Tesoro de San Isidoro
Una de las primeras salas de la visita está dedicada al tesoro de San Isidoro, que comenzó a enriquecerse especialmente a partir de la consagración de la iglesia en 1063. Fernando I y Sancha llevaron a cabo diferentes donaciones al templo y muchas de las piezas que vas a encontrar durante el recorrido están relacionadas con ese momento.
Una de ellas es la Arqueta de San Isidoro, realizada para albergar las reliquias del santo cuando llegaron desde Sevilla. La pieza está fabricada en madera y recubierta de plata y plata dorada, mientras que en su interior conserva sedas de origen árabe.
Las arquetas de marfil
Si hay algo que realmente merece la pena pararse a contemplar en esta primera sala son las piezas de marfil. Entre ellas destaca la Arqueta de los Marfiles, realizada en 1059 en un taller de eboraria del Reino de León. Si te acercas a la pieza, puedes apreciar pequeños detalles del trabajo en marfil, como los ropajes, el pelo o incluso las uñas de las figuras. Además, si te fijas en detalle, los ojos tienen incrustaciones de azabache.
La parte inferior representa a los doce apóstoles, mientras que en la tapa aparece el Cordero Místico rodeado por la corte celestial y los cuatro ríos del Paraíso. Y aunque originalmente la arqueta estaba revestida de oro, ese revestimiento desapareció durante la ocupación de las tropas de Napoleón.
En las vitrinas también encontrarás varias pequeñas arquetas islámicas que llegaron a San Isidoro como botín de guerra o como pago de tributos. Entre ellas está la Arqueta de las Liebres, procedente de los talleres de marfil de Medina Azahara, y la Arqueta de Sadaqa, de procedencia egipcia.
El pequeño objeto vikingo que quizá no esperabas encontrar en León
En una de las vitrinas se conserva un pequeño objeto de arte vikingo tallado en asta de reno y fechado en el siglo X. Representa una serpiente alada o un dragón y se considera el único objeto de arte vikingo conservado en España.
No se conoce con seguridad cómo llegó hasta San Isidoro, aunque una de las posibilidades es que fuera un regalo diplomático.
La biblioteca de San Isidoro
Después del tesoro llegamos a una de las salas que más me gustaron durante la visita: la biblioteca. Fue construida en el siglo XVI siguiendo un estilo renacentista por Juan de Badajoz el Mozo, arquitecto que también trabajó en otros edificios importantes de León.
La sala por sí sola hace que te tomes tu tiempo para contemplarla. Tiene una iluminación natural muy bonita y unas bóvedas de crucería con pinjantes y florones colgantes que son una delicia.
Pero, evidentemente, lo más importante está en sus estanterías. La biblioteca conserva alrededor de 2.000 volúmenes del fondo antiguo, fechados entre los siglos X y XVIII. Entre ellos encontramos códices manuscritos, más de 300 incunables y varios libros considerados raros.
La Biblia visigótico-mozárabe
Uno de los grandes protagonistas es la Biblia visigótico-mozárabe. Este códice fue escrito en el año 960 y está decorado con preciosas miniaturas. En su última página aparece una gran omega, la última letra del alfabeto griego, que marca el final del texto.
Debajo aparecen los monjes que participaron en su elaboración, Florencio y Sancho, procedentes de Córdoba. También encontrarás una Biblia del siglo XII que fue copiada en el propio monasterio, tomando como referencia la Biblia del año 960.
Y después están los incunables, que son los primeros libros impresos entre 1450 y 1500. A diferencia de los grandes códices manuscritos, estos ya se realizaron en papel y tienen un tamaño más reducido.
Aunque buena parte de la colección está relacionada con la religión, aquí también encontrarás obras sobre botánica, historia, matemáticas, diccionarios y otras materias.
Los enormes libros cantorales
Los libros cantorales robaron toda mi atención al entrar en la sala. Y es que son enormes, pero enormes de verdad. Durante la visita pude comprobar que, colocados de pie, me llegaban hasta la cadera.
Su tamaño tenía una explicación muy sencilla. Estos libros se colocaban en el centro del coro, sobre unos grandes atriles llamados facistoles, para que todos los canónigos pudieran leer las partituras desde sus asientos. Además del tamaño, también sorprende el peso que podían llegar a tener.
Uno de los libros cantorales más destacados conserva una miniatura del Nacimiento de Cristo realizada por Nicolás Francés, uno de los grandes representantes del gótico internacional en España.
La Biblioteca Imposible
La siguiente es una sala completamente diferente: la Biblioteca Imposible. Aquí no vas a encontrarte con los originales, sino con una colección de facsímiles que reúne reproducciones de algunos de los libros decorados más importantes que se conservan en diferentes bibliotecas del mundo.
Hay libros de horas, biblias, leccionarios y vidas de santos. Entre los ejemplares que puedes conocer aparecen reproducciones del libro de horas del Duque de Berry y de otros vinculados a personajes como María Estuardo, Isabel la Católica o Lorenzo de Medici. También está el Leccionario Farnese, utilizado por el Papa en la Capilla Sixtina, cuyas miniaturas son un buen ejemplo del Renacimiento italiano.
Y hay incluso un libro relacionado con una época mucho más reciente: la obra que Eduardo Chillida dedicó a los poemas de San Juan de la Cruz, combinando los textos con su trabajo gráfico y sus esculturas de hierro.
La gracia de esta sala es que puedes comprobar cómo algunos de estos libros medievales eran prácticamente pequeñas obras de arte. Sus páginas están tan decoradas que, más que simples libros, parecen pequeñas pinacotecas.
La Estancia de Doña Sancha
La siguiente parte del recorrido nos lleva hasta la Estancia de Doña Sancha. Originalmente, este espacio era la Tribuna de los Reyes, desde donde los monarcas podían asistir a misa sin necesidad de estar dentro de la iglesia.
Con el tiempo, la infanta Sancha Raimúndez transformó la tribuna en su propia estancia, de ahí el nombre que conserva actualmente. Posteriormente pasó a formar parte del monasterio como scriptorium y, a partir del siglo XVI, se convirtió en sala capitular.
Las pinturas que puedes ver en la sala representan diferentes episodios relacionados con la vida y los milagros de San Isidoro. Entre ellos aparecen su lucha contra la herejía, su demostración de sabiduría ante el papa Gregorio y el milagro de la lluvia.
Durante los trabajos llevados a cabo en los años 60, los restauradores usaron la técnica del strappo para separar las pinturas del muro y recuperar el aspecto medieval de la estancia. Finalmente, en 2017 los frescos volvieron a colocarse en su lugar.
La Escalera Prioral
Después llega una de las partes que más curiosidad me despertaron por su arquitectura: la Escalera Prioral. Fue construida en el siglo XVI por el arquitecto cántabro Juan de Ribero Rada y se terminó hacia 1580.
Lo primero en lo que fijarse es su estructura. Es una escalera en voladizo, sin soportes en uno de sus laterales, por lo que al verla tienes esa sensación de que no debería sostenerse de la manera en que lo hace.
Sin duda, la decoración también tiene su propio significado. La escalera representa el camino de la virtud y, por eso, en los casetones aparecen personajes considerados ejemplos de vida virtuosa, como Hércules, Ulises, Sansón o David.
En la parte inferior también están representadas algunas de las artes liberales y las cuatro virtudes cardinales: fortaleza, prudencia, templanza y justicia. La decoración se completa con representaciones de Hermes, relacionado con el conocimiento y la sabiduría, y dos atlantes que parecen sostener sobre sus hombros el peso de la escalera.
Salir al exterior y caminar por la muralla
Una de las cosas que más me gustó del museo es que también puedes salir al exterior y caminar por un tramo de la muralla. No es un paseo especialmente largo, pero sí sirve para cambiar completamente de ambiente después de visitar varias salas interiores.
Además, en mi guía de lugares que ver en León en un día también encontrarás este lugar entre mis sitios favoritos para hacerte fotos. Y antes de regresar y volver a entrar, levanta la mirada: verás un gallo situado en lo alto de una de las torres. Sin embargo, no es el original.
El gallo persa de San Isidoro
El original lo verás más adelante, dentro de una de las salas del museo. La pieza está forjada en una aleación de cobre y plomo revestida de oro y durante siglos estuvo colocada en lo alto de la torre como veleta.
En el año 2001 se encontró en su interior un fragmento de una colmena de abeja fosilizada. El análisis mediante carbono 14 permitió situar su datación aproximadamente en el siglo VII. También se encontraron restos de polen de diferentes plantas que apuntan hacia la zona de Mesopotamia, lo que permitió relacionarlo con un origen persa.
No se sabe con seguridad cómo llegó hasta León. Una de las posibilidades que se plantean es que pudiera haber llegado durante el reinado de Alfonso VI después de la conquista de Toledo.
Su historia también explica el significado del gallo como veleta. En la tradición persa se colocaba en lo alto de las torres como símbolo de victoria, mientras que para los cristianos adquirió posteriormente un carácter protector y se relacionó con la llegada de la luz y con Cristo.
Al entrar en la sala donde se conserva el original, hay un detalle que me gustó particularmente: la iluminación juega con el espacio para proyectarse sobre una de las paredes texturizadas. De esta forma, primero puedes verlo a lo lejos, sobre la torre, y después conocer de cerca la pieza original.
La Campana Laurentina
En esta misma sala se encuentra también la Campana Laurentina, dedicada a San Lorenzo y fechada en el año 1086. Según la información del museo, es la campana de campanario más antigua de la península ibérica.
Durante la visita también puedes ver en esta sala las tumbas de los primeros abades de la colegiata, que fueron trasladadas aquí durante los años 60.
El Cáliz de Doña Urraca
Llegó el momento. Es hora de entrar en la sala que alberga una de las piezas más famosas de todo el Museo de San Isidoro: el Cáliz de Doña Urraca. Antes de hablar de él hay una cosa que conviene aclarar, porque el nombre puede llevar a confusión.
Durante la visita aparecen dos mujeres llamadas Urraca. Una es la reina Urraca I de León, vinculada a la historia del reino y a la exposición que ha dedicado el museo a su figura. La otra es la infanta Urraca, hija de Fernando I y Sancha, que es precisamente la mujer relacionada con este cáliz. Por tanto, no estamos hablando de la misma Urraca.
El cáliz está formado por dos piezas negras de ágata-ónix de época romana, fechadas en el siglo I. La pieza superior tiene forma de pequeño cuenco y, sobre estas dos piezas, en el siglo XI se incorporaron las joyas de la propia infanta.
Entre los materiales usados encontramos oro y diferentes piedras preciosas, como amatistas, rubíes, zafiros, esmeraldas y aljófares, además de un camafeo romano. En la parte inferior aparece una inscripción en latín: In nomine Domini, Urraca Fredinandi, que puede traducirse como “En nombre del Señor, Urraca la de Fernando”.
¿Es realmente el Santo Grial?
Una investigación realizada por la historiadora medieval Margarita Torres y el historiador del arte José Miguel Ortega planteó que el cuenco romano que forma parte del cáliz podría ser la copa venerada por los primeros cristianos como la utilizada por Jesucristo durante la Última Cena.
Según esta investigación, los cuencos habrían sido saqueados del Santo Sepulcro de Jerusalén y posteriormente trasladados hasta Egipto. Desde allí habrían llegado a Denia y finalmente a León, donde acabarían en manos de Fernando I. El rey habría entregado la pieza a su hermana, la infanta Urraca, que la enriqueció con sus propias joyas y convirtió los cuencos en el cáliz que conocemos actualmente.
Ahora bien, aquí prefiero hacer una aclaración, porque alrededor de esta pieza existen muchas historias. Una investigación plantea que el Cáliz de doña Urraca podría ser el Santo Grial, basándose en el estudio de la propia pieza y de diferentes documentos históricos. Precisamente, esta posibilidad es una de las razones por las que el Cáliz se ha convertido en uno de los objetos más conocidos de San Isidoro.
La esquirla que falta
Cuando estés delante del cáliz, fíjate también en una pequeña parte que falta en una de las piezas de ágata. Según la leyenda, durante el viaje de la reliquia entre Egipto y Denia se habría arrancado una pequeña esquirla porque se creía que tenía propiedades curativas.
La documentación relacionada con la biblioteca de Al-Azhar cuenta incluso que siglos después Saladino habría utilizado ese fragmento para intentar curar a su hija. En la misma sala, dentro de otra vitrina, también puedes ver una patena del siglo XII realizada en plata dorada, ónix y piedras preciosas.
Ver el Cáliz de Doña Urraca en 3D
Hay otro detalle de la visita que me parece muy interesante. Fuera de la sala hay una pantalla interactiva desarrollada en colaboración con HP que permite explorar una representación digital en 3D del cáliz.
Esto resulta bastante útil porque estamos hablando de una pieza que no es demasiado grande y que está llena de pequeños detalles. En la pantalla puedes ampliarla y observar partes que desde la vitrina serían mucho más difíciles de apreciar.
¿El Cáliz de Doña Urraca está en la iglesia?
Esta es una de las cosas que conviene tener claras antes de visitar San Isidoro, porque puede llevar a confusión. Mucha gente llega a León pensando que encontrará el famoso cáliz en la iglesia y se decepciona al descubrir que no es así.
Aunque la iglesia y el museo forman parte del mismo conjunto, el Cáliz de Doña Urraca se encuentra dentro del espacio museístico. Existe una división física entre ambas zonas, por lo que si quieres ver el cáliz tendrás que acceder al museo y comprar la entrada correspondiente.
Así que, si quieres conocer esta pieza, debes tenerlo en cuenta antes de entrar solamente a la iglesia.
El Pendón de Baeza y los textiles medievales
La sala de textiles medievales
La visita continúa por las antiguas habitaciones de los canónigos, donde se conserva una colección de textiles medievales.
Aquí encontrarás piezas litúrgicas, prendas de vestir y fragmentos de sedas procedentes de Oriente. Y aunque a veces los textiles pueden parecer menos llamativos que una pieza de oro o una escultura, en este caso tienen un valor incalculable porque son materiales muy frágiles y son pocos los ejemplos que han conseguido llegar hasta nuestros días.
Entre las piezas expuestas hay una estola y un manípulo atribuidos a la reina Leonor de Plantagenet. Pero una de las partes que más curiosidad despierta es el ajuar funerario encontrado en una de las tumbas del Panteón Real. Perteneció a la infanta doña María, hija de Fernando III el Santo y hermana de Alfonso X el Sabio.
El ajuar incluye un cojín de seda y diferentes prendas del siglo XIII: unas calzas de lino, una camisa de algodón y una garnacha de seda decorada con hilo de oro. La garnacha conserva además restos de piel de conejo sin curtir en su interior, lo que hace pensar que se trataba de una prenda de abrigo.
El Pendón de Baeza
En esta misma sala se encuentra el Pendón de Baeza, una de las piezas textiles más importantes del museo. Su origen se sitúa en el año 1147, durante las campañas de Alfonso VII el Emperador. Según las crónicas, San Isidoro habría aparecido milagrosamente durante la batalla de Baeza y ayudado a conseguir la victoria.
Después de la batalla, el rey habría encargado a las mujeres de sus nobles la elaboración de este pendón en honor al santo. De intenso color rojo, el pendón está bordado con la imagen de San Isidoro a caballo, vestido de pontifical y llevando una espada y una cruz.
Durante la visita guiada me gustó conocer la función que tenían realmente este tipo de pendones. En una batalla no eran simplemente banderas decorativas, sino una forma de identificar a los diferentes grupos que participaban en ella.
Por eso, además de su valor histórico, el Pendón de Baeza permite imaginar un poco mejor cómo podían organizarse los ejércitos medievales.
El antiguo refectorio del monasterio
Después llegamos a una estancia que originalmente tenía una función bastante más cotidiana: era el comedor de los canónigos.
El actual Salón del Pendón de Baeza fue construido en el siglo XII como refectorio del monasterio. Los canónigos acudían allí después de escuchar el toque de campana y la comida se hacía en silencio.
Sobre la puerta existía una frase atribuida a San Agustín que advertía de que quien hablara mal de los demás no tendría asiento en aquel lugar. Y mientras comían, uno de los religiosos se encargaba de leer textos de la Biblia o vidas de santos desde un púlpito.
La sala que podemos ver actualmente es fruto de diferentes reformas. Los muros corresponden al siglo XVI, mientras que la cubierta actual es una bóveda encamonada del siglo XVIII, construida en estilo barroco.
Las cuatro partes de la bóveda están decoradas con yeserías y diferentes escenas relacionadas con San Isidoro. En una de ellas aparece el santo a caballo interviniendo en la batalla de Baeza, acompañado por otros santos y por diferentes escenas relacionadas con los milagros de San Isidoro.
Actualmente este espacio tiene también funciones socioculturales y puede acoger diferentes actividades y actos privados.
El claustro de San Isidoro y el origen del parlamentarismo
El claustro de San Isidoro
El claustro es otro de los espacios que ayudan a entender cómo ha ido cambiando San Isidoro con el paso del tiempo. No se construyó de una sola vez, sino en diferentes fases que van desde los siglos XI hasta el XVIII.
La parte más antigua es el pórtico románico de la iglesia. Más adelante, en el siglo XVI, se construyeron las bóvedas de las otras tres galerías y, ya en el siglo XVIII, se incorporaron las galerías del claustro alto en estilo barroco clasicista.
Si te fijas en la parte superior, encontrarás diferentes relieves con frutos, angelotes y otros elementos decorativos. Entre ellos destacan los tondos con bustos de reinas e infantas relacionadas con San Isidoro.
Es un homenaje a las mujeres que tuvieron un papel importante en la historia del conjunto gracias a su mecenazgo. Además, alrededor del claustro se encuentran diferentes capillas funerarias pertenecientes a algunas de las familias nobles más importantes de León.
San Isidoro y el origen del parlamentarismo
En el claustro tuvo lugar en 1188 uno de los acontecimientos que más han marcado la historia política de León. El joven rey Alfonso IX convocó una curia plena en la que participaron no solamente los estamentos privilegiados, como la nobleza y el clero, sino también representantes de los burgos y de las ciudades.
De aquella reunión surgieron los conocidos como Decreta de León, un conjunto de disposiciones que recogían derechos y libertades para los habitantes del reino. Entre ellos encontramos cuestiones como la inviolabilidad del domicilio y del correo, la necesidad de contar con pruebas para condenar a una persona o el derecho del detenido a ser defendido.
Los documentos relacionados con aquel acontecimiento fueron incluidos por la UNESCO en 2013 dentro del programa Memoria del Mundo. Por este motivo León es conocida como cuna del parlamentarismo, ya que los Decreta son considerados la primera manifestación documentada del sistema parlamentario en Europa.
Durante la visita puedes conocer este episodio a través de los facsímiles de los documentos que fueron tenidos en cuenta para el reconocimiento de la UNESCO.
El Panteón de los Reyes: la Capilla Sixtina del Románico
Y después de todo este recorrido llegamos a la sala que probablemente ya hayas visto en fotos antes de visitar León: el Panteón de los Reyes. Es conocido mundialmente como la Capilla Sixtina del arte románico, y cuando entras entiendes enseguida de dónde viene ese sobrenombre.
El Panteón es una construcción románica del siglo XI que fue concebida como lugar de enterramiento de la familia real por Fernando I y Sancha. Aquí fueron enterrados 33 reyes, reinas, infantes y condes de la dinastía leonesa entre los siglos XI y XIII.
Las pinturas originales del Panteón
Una de las grandes particularidades de estas pinturas es que se han conservado en el lugar para el que fueron creadas. No fueron arrancadas de las bóvedas para trasladarlas a otro espacio y tampoco se repintaron para recuperar sus colores.
Los trabajos de conservación han consistido en limpiar y consolidar las pinturas, por lo que conservan sus diseños y colores originales. Los azules, rojos y grises que ves a día de hoy forman parte de las pinturas medievales originales. No estás ante una recreación moderna de cómo podría haber sido el Panteón, sino ante las pinturas que han sobrevivido en este mismo espacio durante siglos.
El Pantocrátor y el Tetramorfos
Una de las imágenes que tienes que buscar es el Cristo Pantocrátor. Cristo aparece rodeado por los cuatro evangelistas, representados mediante el Tetramorfos: Mateo como hombre, Marcos como león, Lucas como toro y Juan como águila.
Es probablemente una de las imágenes más reconocibles del Panteón y una de las que se quedan guardadas en tu memoria cuando sales de la sala. Pero no te quedes solamente con el Pantocrátor. Las bóvedas están llenas de escenas del Nuevo Testamento y merece la pena ir buscándolas una a una.
La Última Cena y el misterioso Marcial el Copero
Otra de las escenas que más me gustaron fue la representación de la Última Cena. En ella aparece un personaje llamado Marcial el Copero, que según la tradición de los evangelios apócrifos era el encargado de servir el vino. Fíjate cómo sostiene un cuenco negro en la mano.
Llegados a este punto, es muy evidente la conexión con otra de las grandes piezas que acabas de ver durante la visita: el Cáliz de Doña Urraca. El cuenco que aparece representado en la pintura guarda una relación muy llamativa con el recipiente de ágata que forma parte del cáliz.
El anuncio a los pastores
En otra de las bóvedas aparece el Anuncio del Ángel a los pastores, una de las escenas mejor conservadas.
Además de su contenido religioso, esta pintura tiene un detalle que me parece interesante: el paisaje y los elementos representados permiten reconocer aspectos relacionados con el entorno rural de la montaña leonesa medieval.
Es una pequeña muestra de cómo estas pinturas no solamente contaban historias religiosas, sino que también podían representar parte del mundo que rodeaba a las personas que las contemplaban.
El calendario agrícola
Y si hay una parte de las pinturas que merece la pena buscar con la mirada es el calendario agrícola. Los doce meses del año están representados mediante diferentes escenas relacionadas con las labores del campo y de la vida cotidiana.
En enero aparece el dios romano Jano, cerrando el año anterior y abriendo el siguiente. Después se representan diferentes trabajos agrícolas, desde la poda y la siembra hasta las labores relacionadas con el cereal y la vendimia. Los últimos meses del año están relacionados con los trabajos de granja y finalmente con la Navidad.
Las tumbas de los antiguos reyes de León
Debajo de todas estas pinturas están las tumbas de los antiguos reyes, reinas e infantes vinculados a la historia de León.
Durante la ocupación francesa de 1808, las tropas de Napoleón ocuparon el Panteón y lo utilizaron como establo. Las tumbas fueron saqueadas y profanadas, y los restos terminaron mezclándose. Décadas después se realizaron diferentes estudios antropológicos y de ADN para intentar separar e identificar los restos.
Por eso, aunque sabemos qué monarcas fueron enterrados en San Isidoro, no siempre podemos señalar una tumba concreta y afirmar con absoluta seguridad que pertenece a un rey determinado.
Los capiteles del Panteón
Antes de salir, y terminar la visita, fíjate también en los capiteles. En ellos aparecen diferentes escenas relacionadas con la muerte y la resurrección, como la curación del leproso o la resurrección de Lázaro.
Son detalles que pueden pasar desapercibidos si solamente miras hacia arriba para contemplar las pinturas.
Así que mi recomendación sería que, cuando estés dentro, vayas alternando la mirada entre las bóvedas, las paredes, los capiteles y las tumbas. Hay mucho más de lo que parece a primera vista.
¿Merece la pena visitar el Museo de San Isidoro?
Después de haber hecho la visita, para mí sí merece mucho la pena incluir el Museo de San Isidoro entre los lugares que ver en León. Y no solamente por el Panteón de los Reyes.
De hecho, creo que una de las mejores cosas de la visita es precisamente descubrir todo lo que hay antes de llegar a esa última sala. Empiezas descubriendo las piezas que conforman el tesoro, continúas visitando la biblioteca y sus enormes cantorales, te adentras en la Biblioteca Imposible, pasas por la Estancia de Doña Sancha y la escalera prioral, sales a caminar por la muralla, conoces la historia del gallo y de la Campana Laurentina y después llegas al Cáliz de Doña Urraca.
A eso se suman los textiles, el Pendón de Baeza, el antiguo refectorio y el claustro, con toda la historia relacionada con el origen del parlamentarismo. Y para terminar llegas al Panteón.
Información práctica para visitar el Museo de San Isidoro
¿Cuánto dura la visita al Museo de San Isidoro?
La visita guiada individual dura una hora. Si prefieres hacer el recorrido por libre, puedes usar las audioguías descargables mediante códigos QR que encontrarás en las diferentes salas.
Si quieres escuchar todas las explicaciones, leer los paneles y pararte ante las piezas, yo dedicaría un poco más de tiempo. Sobre todo si quieres disfrutar del Panteón a tu ritmo.
¿Cuánto cuesta entrar al Museo de San Isidoro?
Actualmente, la entrada para la visita libre individual cuesta 6€, mientras que la visita guiada individual tiene un precio de 8€ y dura una hora.
También existen visitas especiales, como la visita “Colegiata al Completo”, que cuesta 10€ y dura alrededor de una hora y cuarto, y la visita “El poder femenino en el Reino de León”, también de 10€. Todas las visitas al museo incluyen el acceso al Panteón de los Reyes.
Los precios pueden cambiar, así que antes de ir te recomiendo comprobar las tarifas actualizadas en la web oficial.
Horarios del Museo de San Isidoro
Los horarios cambian dependiendo de la época del año.
Del 30 de marzo al 12 de octubre de 2026, el museo abre de martes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00, mientras que los domingos abre de 10:00 a 14:00.
Del 13 de octubre al 31 de diciembre, el horario de tarde pasa a ser de 16:00 a 19:00. Los horarios pueden sufrir modificaciones en determinadas fechas.
Por eso, si vas a visitarlo en un día festivo o estás organizando tu viaje con bastante antelación, te recomiendo revisar el horario antes de ir.