Introducción
Si estás haciendo una ruta por Huesca y pasas cerca de Monzón, no dejes de visitar su castillo medieval. Desde lo alto tendrás unas vistas muy bonitas de toda la ciudad y, mientras paseas por sus calles, podrás verlo en lo alto de la colina, dominando todo el paisaje.
El castillo de Monzón tiene más de mil años de historia y en él se mezclan diferentes épocas. Hay restos de origen musulmán, construcciones de la época de los templarios y también varias modificaciones posteriores, sobre todo cuando la fortaleza tuvo que adaptarse al uso de la artillería.
Además, la visita es bastante sencilla de seguir. Está dividida en 20 puntos, señalizados por todo el recinto, y puedes escuchar la audioguía en tu móvil escaneando un código QR. Siento que es la mejor forma de conocer la historia del castillo a medida que lo recorres.
En este artículo te cuento qué ver en el castillo de Monzón, cómo es el recorrido y algunos detalles en los vale la pena fijarse durante la visita.

Historia del Castillo de Monzón
El castillo de Monzón es una fortaleza situada sobre una colina, en una posición desde la que se domina la ciudad y buena parte del valle del Cinca.
Sus orígenes son musulmanes y se remontan a los siglos IX y X. Posteriormente pasó a manos cristianas y, en 1143, fue entregado a la Orden del Temple, que permaneció en la fortaleza hasta comienzos del siglo XIV.
Los templarios transformaron el castillo y construyeron gran parte de las dependencias que todavía podemos ver. Pero esta no fue su última etapa. Después de la desaparición de la orden, la fortaleza continuó teniendo diferentes usos y fue modificada durante los siglos XVII y XVIII para adaptarse a la artillería.
Por eso, durante la visita vas a encontrar una mezcla bastante interesante de elementos medievales y estructuras defensivas mucho más recientes.
Cómo es la visita al castillo de Monzón
La mejor forma de descubrir el castillo de Monzón es en coche. Podrás aparcarlo en el parking gratuito que se encuentra cerca del punto de información. Después solo tendrás que subir por la ladera hasta la puerta principal del castillo.
Una gincana para descubrir el castillo
En el punto de información me contaron que también hay una gincana en la que tienes que ir buscando diferentes símbolos escondidos por el castillo para completar un alfabeto y descubrir una frase.
Si vas con niños, es una manera de conocer el castillo de una forma divertida y entretenida. Además, me dijeron que durante Halloween la actividad cambia y, en lugar de buscar letras, se buscan gárgolas.

Comienza la subida al castillo
Con toda la información en tus manos, es hora de conocer el castillo. El camino es bastante empedrado, con un sendero formado por piedras redondeadas, lo que facilitaba la defensa del castillo.
Este tipo de superficie dificultaba el avance de los caballos durante un ataque, ya que las piedras redondeadas podían hacer que resbalasen.
La puerta principal
La primera parada es en la puerta principal, correspondiente a la parte de la fortaleza que fue ampliada en época moderna.
El castillo llegó a tener una verja defensiva de hierro y un foso con puente levadizo. Sobre la entrada había además un paño de aspilleras desde el que se podía defender el acceso.
A la izquierda se conserva también un cuerpo de guardia excavado en la roca, donde los soldados encargados de controlar la entrada podían guardar sus armas.

La Batería de los Leones
A pocos pasos de la entrada estaba la primera batería, conocida como Batería de los Leones por las dos esculturas que decoraban el acceso.
A partir de ese momento las defensas ya no podían diseñarse exactamente igual que durante la Edad Media. Los muros se hicieron más gruesos, aparecieron bastiones y las antiguas almenas fueron sustituidas en muchos lugares por troneras para colocar las piezas de artillería.
La Batería de las Horcas
Siguiendo la subida llegamos a la Batería de las Horcas. Aquí podrás ver muy bien esas modificaciones defensivas de época moderna: muros más gruesos, garitas y troneras desde las que se podía utilizar la artillería.
Después tocará continuar ascendiendo por una rampa que, además de servir para acceder a la parte superior, estaba pensada como parte del sistema defensivo.
La rampa hace un giro de casi 180 grados y obliga a atravesar varias puertas antes de llegar al recinto medieval.
Y si te paras a pensarlo, tiene bastante sentido. Un ejército que intentara conquistar el castillo tendría que avanzar lentamente por esta subida mientras quedaba expuesto desde las zonas superiores.

Qué ver dentro del castillo de Monzón
Una vez pasada la última puerta llegarás a la parte superior, donde se concentra gran parte del conjunto medieval.
La Torre del Homenaje
La Torre del Homenaje es el edificio más antiguo del castillo. Su origen es musulmán y se cree que fue construida entre los siglos IX y X. Está formada por sillares y cantos rodados colocados en algunos puntos formando un dibujo en espina de pez, conocido como opus spicatum.
Su función era muy importante: en caso de ataque, podía convertirse en el último refugio de los defensores.
En su interior encontrarás una pequeña exposición con reproducciones de planos y láminas antiguas, además de diferentes objetos encontrados durante las excavaciones arqueológicas, como cerámicas, vidrios y piezas metálicas.

Los aljibes
Otro elemento que encontrarás durante el recorrido son los aljibes. A pesar de no ser lo primero que busques al visitar un castillo, eran fundamentales.
La fortaleza tenía que contar con reservas de agua suficientes para poder resistir un asedio. En Monzón se recogía el agua de lluvia y se hacía pasar por diferentes pozos de decantación antes de llevarla hasta el aljibe.
Uno de estos depósitos tiene unos siete metros de profundidad y una capacidad de 240 metros cúbicos. También, en la explanada superior encontrarás otro aljibe más antiguo.

El refectorio y la sala capitular
Llegarás ahora a uno de los espacios más importantes de la etapa templaria. El refectorio es el edificio de mayor tamaño construido por los templarios en el siglo XII. La gran sala, cubierta por una bóveda de cañón apuntada, tuvo dos funciones: refectorio y sala capitular.
El refectorio era donde los miembros de la comunidad comían juntos, mientras que en la sala capitular se reunía el capítulo para tomar decisiones relacionadas con la orden.
Actualmente este espacio está rehabilitado y alberga el Centro de Interpretación sobre la Orden del Temple, donde podrás conocer mejor la historia de los templarios, las cruzadas, su organización y su presencia en España, Aragón y Monzón.
Los dormitorios de los templarios
En otra de las dependencias se encontraban las estancias y dormitorios de los caballeros. Aquí también podrás hacerte una idea de cómo estaba organizada la comunidad templaria.
Había un comendador al frente de la encomienda de Monzón, además de un subcomendador y un lugarteniente. Dentro de la comunidad había caballeros y sargentos, escuderos, capellanes y otros miembros encargados de las tareas domésticas.
Esta habitación te ayudará a entender que el castillo no era únicamente una fortaleza militar. Aquí también vivía y se organizaba una comunidad.
La Torre de Jaime I
Uno de los lugares que más curiosidad despierta dentro del castillo es la Torre de Jaime I. El futuro Jaime I pasó aquí tres años de su infancia, bajo la tutela de Guillem de Mont-rodón, que llegó a ser comendador de Cataluña, Aragón y Provenza.
La torre tiene dos plantas y una terraza. La planta baja fue utilizada como cárcel por los templarios y en sus sillares todavía pueden verse numerosas marcas de cantero.
Esta parte de la historia está bastante presente en Monzón. De hecho, cada mes de mayo se celebra un homenaje templario a Jaime I y Guillem de Mont-rodón con una recreación histórica que recuerda la estancia del futuro rey en la ciudad entre 1214 y 1217.
El templo de San Nicolás
El templo de San Nicolás fue construido a finales del siglo XII y es otro de los espacios que mejor muestran la presencia templaria en el castillo.
Es un templo principalmente románico, aunque incorpora algunos elementos que ya anuncian el gótico. Uno de los más llamativos es su ábside poligonal, que se proyecta hacia el acantilado y funciona también como parte de la defensa de la fortaleza.
En la portada podrás ver las arquivoltas y el crismón, un símbolo que guarda relación con la Trinidad. Sin embargo, yo le prestaría especial atención a los sillares.
En diferentes partes del templo se conservan marcas de cantero: cruces, estrellas, semicírculos y otros símbolos grabados en la piedra. Estas marcas podían servir para identificar al cantero que había trabajado cada pieza y facilitar el pago por su trabajo, aunque también podían utilizarse para indicar la posición que debía ocupar un sillar.
El interior de San Nicolás
Su interior es sobrio. La nave está cubierta por una bóveda de cañón apuntada, un elemento de transición hacia el gótico, mientras que el ábside tiene una bóveda de cuarto de esfera, más propia de la arquitectura románica.
Además, bajo el ábside se encuentra un pasadizo que baja por una escalera de caracol y se divide en varias galerías.
Las vistas de Monzón desde el castillo
Después de recorrer salas, torres, pasadizos y defensas, llega uno de mis momentos favoritos: mirar hacia abajo y ver Monzón a los pies del castillo.
La posición de la fortaleza no se eligió por casualidad. Desde aquí se domina el valle del Cinca, una vía de comunicación entre el sur de la provincia y el Pirineo. En días despejados incluso podrás divisar algunos picos pirenaicos como Cotiella o Peña Montañesa.
Sin embargo, lo que más me impresionó fueron las vistas a Monzón, una ciudad que se ha desarrollado alrededor de esta colina. Desde arriba verás cómo sus calles se extienden justo debajo de la fortaleza.
Lo mejor es quedarse un rato mirando al horizonte, disfrutando de las vistas. Después de conocer la función defensiva del castillo, es bastante más fácil entender por qué su ubicación era tan importante.

Las caballerizas
Desde uno de los accesos podrás llegar a las caballerizas, un espacio de grandes dimensiones excavado en la roca.
El nombre corresponde a su última función militar, pero no siempre se utilizó para los caballos. También sirvió como almacén de armas y, durante la Guerra Civil, como refugio antiaéreo.
Desde el jardín podrás volver a mirar hacia Monzón. Entre los edificios del casco antiguo destaca la torre de la Catedral de Santa María del Romeral.
Las defensas de época moderna
El castillo fue ampliado y remodelado durante los siglos XVII y XVIII para adaptarse a las nuevas necesidades militares.
El polvorín
Entre estas estructuras se encuentra el polvorín, donde se almacenaban armas y municiones.
Tiene dos plantas y llega hasta unos 14,5 metros de profundidad. Junto a su entrada se colocó en los años cincuenta una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, donada a la ciudad por Hidronitro Española.
La Batería de Santa Quiteria
Otra de las terrazas defensivas se construyó para colocar piezas de artillería y conserva tres troneras.
Desde aquí podrás ver, en la montaña situada hacia el sur, los restos del fuerte de Santa Quiteria, construido en época moderna sobre una antigua ermita del siglo XIII.
El lugar tenía además una función estratégica porque se encontraba en una posición ligeramente más elevada desde la que se podía hostigar el castillo.
El propio castillo sufrió diferentes ataques durante las guerras modernas, entre ellas la Guerra de Sucesión y la Guerra de la Independencia.
La iglesia de San Juan
Desde una de las zonas del castillo también podrás ver los restos del templo de San Juan, anterior a la llegada de los templarios.
Estaba dedicado a San Juan porque la conquista de la plaza por Sancho Ramírez tuvo lugar en esta festividad. Además, tuvo rango de capilla real.
Como curiosidad, los restos aún se pueden visitar siguiendo un camino que sale desde el parking.
El final de la historia templaria
A comienzos del siglo XIV, la Orden del Temple fue perseguida y sus bienes fueron confiscados. Los templarios de Monzón se resistieron a entregar la fortaleza y sufrieron un asedio de siete meses en 1308.
Finalmente se rindieron en mayo de 1309, convirtiendo al castillo de Monzón en el último bastión templario en caer de la Corona de Aragón. La orden fue disuelta oficialmente en 1312 y la fortaleza pasó posteriormente a la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.

