Introducción
Si estás pensando en visitar Huesca capital, uno de los lugares que no puede faltar en tu ruta es la Catedral. Además, la entrada incluye también el Museo Diocesano y subir a la torre, por lo que podrás conocer dos lugares importantes en una sola visita.
Durante el recorrido pasarás por antiguas dependencias del conjunto catedralicio, claustros medievales, salas con obras de arte y diferentes capillas, hasta llegar al interior de la propia Catedral. En definitiva, es una visita bastante completa.
Personalmente, uno de los espacios que más me gustó fue el Salón del Tanto Monta, aunque las vistas desde la torre también merecen mucho la pena. En este artículo te cuento cómo es la visita, qué vas a encontrar y en qué detalles me fijaría.
¿Qué es la Catedral de Huesca?
La Catedral de Huesca es un templo principalmente gótico cuya construcción comenzó a finales del siglo XIII y se prolongó durante más de dos siglos, hasta su finalización en 1515.
Sin embargo, su historia es mucho más antigua. Durante el periodo andalusí se encontraba aquí la mezquita mayor de Huesca. Tras la conquista cristiana de la ciudad, la mezquita se convirtió en catedral, aunque el templo que llegó hasta nuestros días no comenzó a construirse varios siglos después.
Por eso, durante la visita vas a encontrarte con diferentes épocas y estilos. La arquitectura es principalmente gótica, pero en el interior hay también importantes obras del Renacimiento y del Barroco.
Además, viene bien saber que el Museo Diocesano y la Catedral se visitan juntos. El museo ocupa diferentes espacios que formaron parte del conjunto catedralicio, como los antiguos claustros, la parroquia, la sala capitular y el Palacio Episcopal.
¿Cómo es la visita a la Catedral de Huesca?
La visita empieza entrando por el Museo Diocesano, situado en la plaza de la Catedral.
En recepción, después de comprar las entradas, podrás escanear un código QR para acceder a una audioguía gratuita desde tu móvil. Durante mi visita seguí el recorrido de esta manera y me pareció bastante práctico, ya que las explicaciones te van indicando también hacia dónde continuar.
Es muy útil, sobre todo si no estás muy familiarizado con el arte religioso. Hay muchas piezas y detalles que, sin una explicación previa, probablemente pasarían desapercibidos.
Primero visitarás las salas del museo, después los antiguos claustros y el Salón del Tanto Monta, y finalmente entrarás en la Catedral.

La sala del Renacimiento y Barroco
La primera parte del recorrido nos lleva a la sala dedicada al Renacimiento y Barroco, instalada en el espacio que ocupó la antigua iglesia parroquial de la Catedral. Actualmente reúne obras de los siglos XVI al XVIII.
Aquí encontrarás pinturas, esculturas y retablos procedentes de la Catedral y de otros lugares de la diócesis. Y sin duda, la pieza más importante que verás será el retablo de Montearagón.
El retablo del Juicio Final
Este retablo, obra de Gil de Morlanes el Viejo, fue tallado en alabastro para el antiguo monasterio de Montearagón.
En las tres escenas principales aparecen la Transfiguración, el Juicio Final y la Ascensión. Lo más destacable es que todavía conserva elementos propios del gótico, pero ya incorpora formas y detalles que anuncian el Renacimiento.
Cuando llegues aquí, te recomiendo acercarte un poco para ver los relieves. Desde lejos se entiende el conjunto, pero los detalles se aprecian mucho mejor desde cerca.
En esta misma sala encontrarás también una Epifanía atribuida a Damián Forment, el escultor que después será protagonista de uno de los grandes elementos de la Catedral.
El antiguo coro y la sillería
Después toca subir por unas escaleras hasta el antiguo coro. Aquí se conservan 55 de los 85 sitiales que formaban la antigua sillería de la Catedral, elaborada entre 1577 y 1591.
La sillería está realizada en madera y tiene varios relieves. Si te fijas, verás que no todo son santos y escenas religiosas. También aparecen animales, plantas y algunos motivos mitológicos.
En el centro verás el facistol que se utilizaba para colocar los grandes libros de coro.
Los claustros medievales
Después de visitar las primeras salas y el coro, el recorrido continúa por los antiguos claustros. A partir de aquí empezarás a encontrarte con algunas de las piezas medievales del museo.
El claustro románico
El claustro románico se construyó durante el siglo XII y formaba parte del antiguo claustro de canónigos. De la construcción original se conservan dos crujías, aunque el espacio fue reformado posteriormente.
En esta zona se conservan pinturas murales, enterramientos y laudas sepulcrales, además de diferentes tallas medievales. Entre ellas destaca la Virgen de Marcuello, una talla policromada del siglo XIII.
No hace falta saber mucho de arte para disfrutar de esta parte. Simplemente fíjate en los rostros de las imágenes, en los restos de policromía y en cómo se han conservado algunos elementos del antiguo claustro.
El claustro gótico
El recorrido continúa por la galería gótica. La idea original era construir un gran claustro que sustituyera al románico, pero el proyecto quedó incompleto y solo llegó a construirse una de sus galerías.
Aquí encontrarás principalmente pintura sobre tabla del siglo XV, procedente de diferentes iglesias de Huesca y alrededores.
Entre las obras destacan las tablas del antiguo retablo de Pallaruelo de Monegros y el Retablo de la Coronación de María, de Pedro de Zuera. Además, este último, es el único retablo de la colección que se conserva completo.
El Salón del Tanto Monta
Llegamos a uno de los espacios que más me gustaron durante la visita: el Salón del Tanto Monta.
Antes de entrar en él pasarás por una zona ajardinada que formaba parte del antiguo Palacio Episcopal. Desde aquí puedes ver desde fuera la cabecera de la Catedral. Después entrarás en el salón.
Este espacio se utilizaba como sala noble del Palacio Episcopal. Aquí el obispo recibía visitas y se celebraban reuniones y otros actos. Sin embargo, lo más interesante se encuentra en su techo.
Fíjate en el techo
La sala conserva una techumbre de madera policromada del siglo XV, decorada con escudos, animales y diferentes figuras. También aparece varias veces el lema «Tanto Monta», asociado a Fernando el Católico.
El lema está relacionado con la historia del famoso nudo gordiano de Alejandro Magno. Según la tradición, Alejandro decidió cortar el nudo en lugar de intentar desatarlo. De ahí la idea de «Tanto Monta», en el sentido de que tanto da cortar como desatar.
Durante mi visita había además una exposición temporal de fotografía que me pareció muy chula. Y creo que eso también hizo que disfrutara más del espacio, porque la exposición encajaba bastante bien con el salón.

Los cantorales de Santa Engracia
En el Salón del Tanto Monta también se exponen algunos grandes cantorales procedentes del monasterio de Santa Engracia de Zaragoza.
Son libros de coro de gran tamaño y algunos conservan bonitas decoraciones y miniaturas. Si te acercas, fíjate en las letras iniciales y en los pequeños detalles de las ilustraciones.
La entrada a la Catedral
Después de recorrer estas dependencias llegamos a una antigua portada que comunica con la Catedral.
Es una portada de piedra del siglo XIII, con varias arquivoltas y capiteles decorados. En el tímpano aparece la Virgen con el Niño entre dos ángeles.
Después de pasar por el museo, los claustros y el Palacio Episcopal, finalmente entras en el interior de la Catedral.
Qué ver dentro de la Catedral de Huesca
La construcción del templo comenzó a finales del siglo XIII y terminó en 1515. Por eso el edificio tiene una clara base gótica, aunque también encontramos elementos posteriores.
Antes de empezar a fijarte en las obras, yo me sentaría en una de las sillas a disfrutar del espacio. Las dimensiones de la nave y las bóvedas de crucería estrellada son muy fáciles de apreciar desde el centro.
Después puedes comenzar a recorrer las diferentes capillas, pero antes toca detenerse ante el elemento principal de la Catedral.
El retablo mayor de Damián Forment
El retablo mayor de la Catedral de Huesca fue esculpido por Damián Forment entre 1520 y 1533 y está considerado una de las grandes obras de la escultura del siglo XVI.
Está tallado en alabastro y representa diferentes escenas de la Pasión de Cristo. Las tres escenas principales son el Camino del Calvario, la Crucifixión y el Descendimiento.
Te recomiendo acercarte para fijarte en las figuras y en sus expresiones. Hay muchos detalles que se pierden cuando lo contemplas desde el otro extremo de la iglesia.
El óculo del retablo
Sobre la Crucifixión hay un óculo circular. Detrás se encontraba una pequeña capilla destinada a guardar la Eucaristía. De esta manera, el retablo también tenía una función vinculada a la reserva del Sacramento.
Y abajo aparecen los retratos de Úrsula, hija de Damián Forment, y del propio escultor, siendo una forma de reivindicar su papel como autor de la obra.
Las capillas de la Catedral
Después puedes continuar recorriendo las capillas laterales. Muchas fueron reformadas durante los siglos XVII y XVIII, por lo que algunas tienen un aspecto claramente barroco.
Capilla de San Martín de Tours
Está dedicada a San Martín y conserva pinturas de Vicente Berdusán. También puedes fijarte en los azulejos que decoran el suelo y los zócalos.
Capilla de San Joaquín
Es una de las capillas más decoradas. Destacan las pinturas de la cúpula y las ventanas que dejan entrar la luz.
Además, en determinadas fechas cercanas a los equinoccios, la luz del sol incide sobre la imagen de la Inmaculada situada sobre la verja.
Capilla de San Jerónimo
Aquí encontrarás la Virgen del Voto, una imagen relacionada con la promesa que hizo la ciudad después de superar una epidemia de peste en el siglo XVII.
Esta tradición forma parte de la celebración de la Tota Pulchra, que todavía se mantiene en Huesca.
Capilla de los Santos Orencio y Paciencia
Esta capilla está vinculada a los hermanos Lastanosa y conserva un conjunto barroco que incluye una cripta. En las pinturas aparecen también miembros de la propia familia.
Es una de las capillas en las que es importante escuchar la explicación de la audioguía, porque la historia de los Lastanosa ayuda a entender por qué la capilla tiene ese aspecto.
Santa Ana, la Virgen de la Alegría y la Capilla de los Reyes
El recorrido continúa por otras capillas menores. En la capilla de Santa Ana destaca el retablo de alabastro, atribuido a Damián Forment o a su entorno. Muy cerca encontrarás la Virgen de la Alegría, una imagen gótica del siglo XIV.
Después está la Capilla de los Reyes, de estilo renacentista, donde destaca la escena de la Adoración de los Reyes Magos.
No es necesario dedicarles mucho tiempo a cada una, pero es una buena forma de apreciar cómo la Catedral fue cambiando con el paso de los siglos.
La sala de orfebrería
Después de recorrer la Catedral, el itinerario continúa por la sala de orfebrería. Aquí encontrarás piezas de plata de diferentes épocas.
Entre las piezas expuestas destaca la custodia procesional del Corpus Christi, obra del platero pamplonés José Velázquez de Medrano, elaborada entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII.
También destaca la predela de plata de Santa María de Salas, obra de Bartolomé Tutzó, fechada en 1367, con diferentes escenas de la vida de la Virgen.
Y en una de las vitrinas se conservan tres arquetas de Limoges, unas pequeñas piezas medievales destinadas a guardar reliquias.
La torre de la Catedral de Huesca
La entrada incluye el acceso a la torre campanario. La subida tiene 180 escalones y, según vas avanzando, el espacio se va haciendo más estrecho.
Esto es algo a tener en cuenta antes de subir. No es una escalera cómoda y en algunos tramos el espacio es bastante reducido.
Más o menos a la mitad de la subida encontrarás una pequeña sala con una exposición de antiguos mecanismos de relojes y, en las paredes, algunos grafitos realizados por antiguos campaneros.
Más arriba están las campanas de la Catedral. Y tras subir todas esas escaleras llegarás a la terraza.
Las vistas desde la torre
Aquí sí que te recomiendo quedarte un rato. Desde arriba tendrás una panorámica de 360 grados de Huesca.
Durante mi visita pude reconocer desde allí lugares como San Lorenzo, el parque Miguel Servet y la plaza de toros, además de buena parte de la ciudad.
Si puedes subir las escaleras sin problema, yo no me perdería esta experiencia.

El Santo Cristo de los Milagros
Después de bajar de la torre todavía queda un último tramo por la Catedral. El recorrido termina en la capilla del Santo Cristo de los Milagros.
Según la tradición, el 12 de septiembre de 1497 el Cristo comenzó a sudar durante una procesión que recorría las naves de la Catedral. Las crónicas cuentan que las gotas llegaron a empapar las manos del acólito que llevaba la imagen.
Después, el Cristo fue colocado en el altar mayor, y la tradición atribuyó a este hecho el final de una epidemia de peste.
Aquí conviene diferenciar la historia de la tradición: el episodio milagroso forma parte de la tradición religiosa vinculada a la imagen, por lo que no debe presentarse como un hecho histórico demostrado.
Desde entonces, el Santo Cristo se convirtió en una de las imágenes de mayor devoción de la ciudad.
Con esta capilla termina la visita de la Catedral de Huesca.